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Archive for 22 septiembre 2011

por Ángeles Miguélez Martínez. Guía de la Rede Museística Provincial

 

Cuando gracias al “jaws” pude leer en Internet, a pesar de ser ciega, que en la Diputación Provincial de Lugo se ofertaban una serie de plazas reservadas para personas con discapacidad como “vigilante guía” para los museos de la Red Museística, yo misma pensé que ese no era el puesto más adecuado para una persona en mis condiciones. ¿Cómo iba yo a vigilar a nadie? ¿Cómo iba un ciego a mostrar las sacrosantas piezas de un museo?

Así que por si no fueran pocas las barreras y dificultades que la sociedad nos pone a las personas con discapacidad, ahí estaba yo una vez más; ya sé que condicionada por los estereotipos y tópicos de la propia sociedad en la que vivimos, encargándome de hacerlas todavía un poco más altas e insalvables.

Ángeles Miguélez durante una visita guiada

Afortunadamente, y gracias a un pequeño puñado de personas que se encargaron de convencerme de que yo era perfectamente apta para ese puesto, me presenté al examen, lo aprobé y hoy estoy trabajando en el Museo Provincial del Mar de San Ciprián.

Este pequeño museo es uno de los más accesibles, si no el más, de todos los museos gallegos. En él se han tratado de eliminar todas las barreras, las físicas, las sensoriales y las cognoscitivas. Pero todo esto no fue suficiente, y cuando me incorporé a mi puesto de trabajo tuve que esforzarme en tratar de eliminar unas cuantas barreras más.

La primera fue inculcarme a mi misma la idea de la “integración global”. Yo era ciega, pero mi misión consistiría en transmitir una serie de conocimientos y sentimientos que se encierran en las piezas del museo a todas aquellas personas que entrasen en él, con independencia de que fuesen discapacitados, niños, adultos con licenciatura o un grupo de albañiles jubilados. Tendría que ajustar la visita al perfil de cada usuario, e intentar enriquecerla con la visión de una ciega, pero nunca limitarla a la visión de una ciega.

La segunda barrera que saltar sería concienciar y convencer a los compañeros de plantilla, de que el hecho de que se incorpore una persona con discapacidad no es una carga o un plus de trabajo para ellos. Claro que requiere un poco de esfuerzo adaptarse a el ruido de nuestros aparatos parlantes (el ordenador, el reloj, el teléfono….), o a procurar dejarnos los espacios de paso libres para que no tropecemos, o a acompañarnos a las diferentes instalaciones mientras no aprendemos a hacerlo solos. También es verdad que no podemos hacer fotografías a los grupos de visitantes o a las nuevas piezas que llegan al museo y colgarlas en las redes sociales de Internet que son un gran escaparate de las actividades del mismo pero casi inaccesibles para nosotros, ni cortar las piezas de un puzzle para entregar a un grupo de niños de preescolar. Pero si podemos buscar y rebuscar información sobre los múltiples aprovechamientos de la ballena, con los que sorprender a un grupo de abuelos que descubren así porqué dicen que se les ha roto la ballena del paraguas, o hacer disfrutar a un niño dejándole tocar la espada de un pez espada, o contándole como el capitán y el maquinista se comunicaban con el telégrafo interno.

Ángeles Miguélez durante la visita guiada

La verdad es que en mi caso, este segundo obstáculo fue muy fácilmente salvable, pues al tratarse de un museo muy pequeño con tan sólo otros dos compañeros en seguida se adaptaron y comprendieron tanto mis necesidades como mis capacidades.

Todo este esfuerzo valdrá la pena si al final llegamos al resultado deseado, a la integración global, consiguiendo eliminar todas las barreras que hemos ido señalando, las de accesibilidad, los prejuicios sociales, los nuestros propios y el complejo de gueto que un poco tenemos cada grupo de discapacitados y logramos de este modo integrarnos en una sociedad que esperemos que sea, cada vez más abierta y plural.

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por Pilar Yáñez Lombardía. Monitora voluntaria en talleres de la Rede Museística Provincial

Fruto de una situación inesperada, la pérdida de la vista, nace la necesidad imperiosa de demostrar que con esfuerzo y tesón se pueden alcanzar metas propuestas. Por causas ajenas a mis deseos una enfermedad degenerativa me dejó ciega. De la misma manera que la luz se iba de mis ojos se apagaba la llama que daba luz a mi vida. Me vi envuelta en el manto de la oscuridad.

Entre las técnicas de ayuda que la ONCE tiene a nuestra disposición están las nuevas tecnologías, herramientas imprescindibles para nuestra integración y desenvolvimiento en el mundo social, cultural y laboral y que nos sirve de hilo conductor para “ver” una nueva perspectiva de la vida aceptando esta forma diferente pero muy enriquecedora de vivir. Descubrí destrezas y habilidades  adormecidas que se despertaron a los gritos en voz alta de ¡Pilar, tú puedes!

Un duro período de transición, logré traspasar las paredes de un gélido muro, marcador de la frontera entre el antes y el después, haciendo que los sueños se hiciesen realidad, llevar una vida lo más parecida a lo que había sido hasta entonces, cuando tenemos ilusiones y sueños no existen limitaciones.

Rede Museística Provincial (Lugo)

A partir de la formación proporcionada por la ONCE en el aprendizaje y uso del bastón, el braille y las nuevas tecnologías empiezo a explorar nuevos horizontes. Tratando de incorporarme de nuevo a la sociedad de una forma lo más autónoma posible. En una de esas búsquedas surgen unas jornadas pedagógicas en el Museo Provincial de Lugo. Fue una experiencia ejemplar que desde entonces y a través de mi ceguera me permite tener una verdadera visión de los museos, quizá por la sensibilidad, cariño y espíritu de colaboración del equipo que conforma la red museística de esta provincia.

Hasta ese momento el concepto que tenía, como profesional de la enseñanza, el museo era un lugar a donde llevábamos a los alumnos para realizar una visita guiada y de forma esporádica otras visitas con amigos o grupos a ver exposiciones, colecciones, etc., donde nada se podía tocar porque todo estaba en vitrinas. Las experiencias vividas me han hecho comprender que además de ser espacios que albergan cultura, son espacios de convivencia y visibilidad. Cierto es que en los últimos años los museos cambiaron, son más accesibles, se multiplicaron los eventos, se incorporan las tecnologías audiovisuales y aparece el braille en la edición de guías, en la descripción de cuadros y en la rotulación para denominar objetos, títulos de obras, autores, haciendo que las visitas sean más atractivas para nosotros, los ciegos, y para nosotros, que el sentido por excelencia  es el tacto, en ocasiones cuando las piezas originales no permiten sean tocadas por las condiciones de  conservación, lo hacemos mediante réplicas, maquetas y trocitos de material que reproducen la autenticidad de los objetos.

Al finalizar las mencionadas jornadas empecé a formar parte de un grupo de personas dispuestas a aportar nuestro granito de arena en actividades de carácter lúdico, educativo y cultural. Hice mis primeros pinitos participando en la  revista O Pazo das Musas de carácter oral de periodicidad trimestral  con una lectura en braille, de unos poemas de Rosalía de Castro. Realizamos encuentros con mesas redondas presentadas y coordinadas por la gerente de la red museística, Encarna Lago, en las que abordamos y debatimos un amplio abanico de temas como: Inclusión y accesibilidad, Mujer y diferentes capacidades, la igualdad en el trabajo, violencia y discapacidad, etc. Programas que forman parte de un proyecto denominado”Arte de ser mujer en un mundo por compartir”.

En el verano 2010, Encarna me involucró en las actividades que se iban a desarrollar en el período vacacional participando de forma activa, como monitora, impartiendo unos talleres de cestería en los campamentos de los museos de la red, vivencia que se repitió en las actividades de navidad pero en este caso el taller fue de cuero y macramé.  Ha sido para mí muy gratificante mantener de nuevo el contacto con los niños y pienso que a ellos les sirvió como muestra de integración, la sorpresa era inminente, luego lo aceptaron con toda normalidad.

Pilar Yáñez impartiendo el taller de cestería

Este verano participé en sendos talleres de cerámica y elaboración del pan en los museos de la red ganándole la batalla, una vez más, a la ceguera modelando una figura con la arcilla y dando forma a un muñeco de masa de pan; una de estas jornadas tuvo lugar en el Pazo de Tor, donde mayores y niños conjuntamente sin distinción de edad sexo y procedencia vivimos un día de emoción. Me gustaría que por unos momentos y como actividad experimental los trabajadores del museo realizaran un taller de cualquiera de las actividades anteriormente mencionadas o hacer una visita al museo con un vendaje en los ojos observando formas, texturas y tamaños con el sentido  del tacto e incluso reconociendo objetos por el ruido, el gusto o el olor porque es la forma más directa de percibir la realidad en el día a día de una persona ciega tanto de sus dificultades como del alto grado de desarrollo de otras capacidades.

¿Y ahora que toca? Cuando tenemos inquietudes estamos en un continuo aprendizaje y, en lo último, que me he enredado (mejor dicho me han enredado el grupo de personas que trabajan en la red museística) han sido las redes sociales. Es algo que está ahí, si las sabes gestionar con responsabilidad son un canal más de comunicación y como lema  “en la vida, todo es necesario y nada es imprescindible”. Ya hacía tiempo que daba pasos en busca de información para acceder a esa herramienta pero fue necesario el empujón que ellas me propiciaron para dar el salto. Puedo acceder a Facebook, empiezo a caminar a ciegas (nunca mejor dicho), y en ese deambular me pierdo y no soy capaz de llegar al final.

Recientemente, se celebraron en los museos de la red las Jornadas sobre Educación, Cultura y Acción Social en lo Social Media, jornadas que se desarrollaron en un ambiente cálido y participativo, que giraron en torno a las redes sociales y que contaron con especialistas de centros museísticos de toda España, dando muestras de sensibilidad, compromiso y ganas de trabajar para dar un impulso al tan elogiado diseño universal y dar una solución a corto o medio plazo.

Pilar Yáñez en el taller de cerámica

La gran asignatura pendiente es el cine con audio-descripción, era una de mis aficiones y al que acudía a menudo cuando una película me atraía pero es de las cosas que todavía tengo en un rincón de mi pensamiento porque me pierdo la mayor parte de la película a menos que alguien me vaya relatando las escenas, hecho que no es posible, queremos accesibilidad pero no perjudicar los intereses de los demás.

Gracias a ese gran equipo que conformáis la red museística de Lugo, con la gratitud, cercanía y calor humano mantenéis vivos los museos, sois unas grandes comunicadoras y transmisoras de conocimientos y valores enriqueciendo la vida de los usuarios, en particular la mía propia en relaciones sociales, solidaridad y respeto por la diversidad humana haciéndome ver, sí, digo bien, ver, que con esfuerzo físico y humano se puede llegar a una sociedad inclusiva.

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